miércoles, 4 de abril de 2012

El Abecedario Doloroso

Antes en este país se decía una especie de lema a los alumnos, "La Letra con Sangre Entra"... que viene a significar más o menos que o aprendías o te inflaban a collejas y a capones. Probablemente vuestros padres vivieran esa época y si les preguntáis os contarán multitud de anécdotas. 

Recuerdo una que me contó el director de mi antiguo colegio cuando hice la "entrevista" para que me admitieran. Mi padre empezó a sacar el tema de que él era antiguo alumno de ese colegio y ambos se pusieron a contar batallitas ya que el director también formó parte del alumnado en su día. La historia era la siguiente:

El profesor de Gimnasia de la época puso a todos sus alumnos en fila en el pasillo donde se situaban las aulas con el fin de bajar a patio a hacer ejercicio. Dicho profesor cuyo nombre no recuerdo les ordenó que se colocaran en fila de a uno y firmes mirándole a él como cual instructor de la Guerra del Vietnam. Uno de los alumnos no estaba bien situado y estaba un poco más adelantado que el resto... craso error... pues el profesor al verlo le soltó un guantazo por no estar en la posición correcta lo cual provocó que con el anillo de casado le rasgase la cara de tal manera que le abrió media la ceja, lo cual hizo que incauto muchacho derramase sangre como un cochino el día de San Martín sobre el pasillo del colegio. Entre los sollozos del chaval los cuales eran callados por los gritos disciplinarios del profesor, éste le mandó al despacho del director con la siguiente frase:

"Vete al despacho del director, quedas expulsado tres días por manchar el suelo de mi pasillo".

Si esto sucedía en clase de gimnasia imaginaos el horror de una clase de matemáticas, historia o lengua y literatura. Actualmente las cosas son distintas, ahora son los alumnos los que someten a vejaciones al profesorado mostrando el mismo respeto que ellos mostraban por los alumnos en aquellas oscuras décadas... una muestra más de la involución humana.

A todo esto imaginaos la congoja que me recorría el espinazo al escuchar estas anécdotas en boca del que iba a ser mi director, yo estaba aterrado, pero gracias a Thor esas cosas ya no pasaban. Fue la época en la que los alumnos respetaban a los profesores y más o menos viceversa, solo que los alumnos no se respetaban entre ellos, pero eso es otro cantar que no viene al caso.

La cuestión es que no he podido evitar recordar estas historias al ver las imágenes que os voy a poner ahora, ya que son el mejor ejemplo de "La Letra con Sangre Entra":




























Así si que se aprende bien el abecedario.

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